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La juventud campesina.


Recibí hace unos días la revista de agroecología LEISA, la edición de abril titulada Una nueva generación de agricultores: la juventud campesina. Como el título lo señala, en esta edición los artículos tratan sobre casos en los que se involucran los jóvenes en la producción agroecologica, con ejemplos de toda latinoamérica, desde Cuba, pasando por Perú hasta las Islas del Pacífico Sur.

Uno de los artículos se titula Los jóvenes quechuas lamas y la agricultura sostenible, escrito por Rider Panduro Meléndez y trata el caso de una comunidad peruana llamada Pucallpa de la región de San Martín. En la comunidad viven 20 familias y en total son 95 personas, de las cuales el 67% son jóvenes. La agricultura que practican es de roza, tumba o corte del bosque. El área del bosque en rotación es de 8 a 18 hectáreas, este tipo de agricultura era saludable cuando las familias tenían más de 20 hectáreas de terreno, lo que permitía la regeneración de los bosques luego de dejar la parcela en descanso, pero al haberse incrementado la población, este modo de producir pone en riesgo la existencia de especies forestales maderables valiosas, así como otras especies como son las medicinales, los árboles frutales silvestres y los cultivos nativos. Otro causa de la deforestación de la selva alta es el despegue de cultivos comerciales como el cacao y el café, que aunque generan ingresos significativos a las familias campesinas, al sembrarse de modo denso y con pocas variedades, estos cultivos desplazan la diversidad biológica nativa de cultivos y especies forestales, frutales y medicinales. Además estos dos cultivos comerciales, son muy contaminantes durante el proceso de poscosecha. Los ingresos que generan estos cultivos son causa de que la gente dependa de productos industriales para su alimentación, con la consecuente contaminación causada por los envases de plástico, vidrio, metal y otros residuos inorgánicos con los que se expenden.( Cualquier parecido con nuestra realidad es coincidencia).

Para solucionar estos problemas se han realizado proyectos para recuperar la ecología y el bienestar de las familias campesinas en tres fases:

la primera fase de 1991 a 1993 con un proyecto cuyo componente principal era la agroforestería, que no fue asumida por todos pero quienes lo hicieron ya han obtenido ingresos por la venta de árboles como madera, y en ese entonces eran los padres de los jóvenes que hoy tienen de 18 a 30 años.

La segunda fase de 1998 al 2000 con la participación de los padres y algunos jóvenes que ya han asumido cargos en la organización comunal, que consiste en la ampliación de la siembra de especies forestales tanto en cantidad como en diversidad de especies, algunas de ellas en peligro de extinción.

La tercera fase, en la que participan los jóvenes junto con sus padres y abuelos, orientada a la afirmación cultural en base a los diversos oficios que practican las comunidades campesinas, así como la siembra de especies forestales y frutales para incrementar la diversidad y el número de árboles. Lo interesante es que estas iniciativas de esta tercera fase han surgido de los propios intereses de la población campesina y con la participación de todos los jóvenes de la comunidad, recuperando y conservando los saberes nativos.

Lamentablemente aquí hemos perdido mucho de esas tradiciones, por ejemplo cada vez hay menos membrillos, que yo sepa no hay quien esté produciento este arbusto con cuyo fruto se elabora ate o cajeta como le decimos por acá. También las variedades de nopal y tunas que existen y que son poco conocidas y consumidas. Sobre las especies forestales maderables falta mucho trabajo por hacer, por ejemplo, reproducir en vivero especies como el palo colorado, el encino, el capulín, entre muchos otros, saber el tiempo que se tarda cada especie en madurar para su corte, hacer pruebas con la madera para ver su utilidad y si pudiera ser rentable su cultivo, además de otras acciones como incrementar la superficie forestal en el municipio para garantizar la biodiversidad. Para terminar, podríamos decir que sí hay alternativas para el campo sólo que se necesita tiempo y trabajo.

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