Agrosilvicultura

Árboles y agricultura.


Hace unas semanas recibí el número 2 de la revista de agroecología LEISA correspondiente a este año. En otras ocasiones he hablado de esta revista pero no está de más recordar que es una revista gratuita que se edita en Perú y que también se puede leer en internet en la dirección www.leisa-al.org y solicitar la inscripción ahí mismo.

Este número se titula Árboles y agricultura y contiene ejemplos de varios países de América Latina con el tema que se indica en el título.

Pero vayamos por partes. En la contraportada viene la opinión del profesor brasileño Francisco Roberto Caporal sobre la insostenibilidad del enfoque de la Revolución Verde (que fue la que permitió una expansión de las cosechas hace años gracias al uso de fertilizantes y combustibles), debido a su creciente demanda de insumos y energía y sobre todo porque tiene una tendencia inherente a reducir la biodiversidad.

El editorial responde a la pregunta de si los árboles y la agricultura son compatibles, diciendo que la agroforestería puede practicarse por agricultores de toda escala, pero que ha sido desarrollada y es especialmente adecuada para la agricultura de pequeña escala que no puede adoptar tecnologías muy costosas.

De los artículos propiamente dichos, resalto dos que me gustaron. El primero se titula Los árboles en la agricultura: una antigua amistad rescatada del olvido en América, escrito por Enrique Murgueitio comienza llamando la atención sobre el hecho de que los cultivos y los pastizales en América Latina y el Caribe se ven cada vez más huérfanos de árboles, y hasta los ríos han sido despojados de los bosques ribereños. Pero no siempre fue así, en las culturas y civilizaciones amerindias abundan los ejemplos de amor por la naturaleza y por los árboles. La ceiba era un árbol sagrado en las islas del mar Caribe, Mesoamérica y norte de Suramérica.Actualmente es el árbol nacional de Guatemala y Puerto Rico. En los huertos frutales se domesticaron y seleccionaron magníficos alimentos como el aguacate, el chicozapote, el chicle o níspero, la guanábana. El cacao, cuyos frutos fueron moneda de cambio entre pueblos y dieron origen al chocolate, la bebida de los dioses, fue domesticado tal vez hace más de tres mil años a partir de plantas silvestres de las selvas amazónica y orinocense que luego fueron cultivadas en los bosques de Mesoamérica.

El segundo artículo que les comento trata del árbol del huarango, escrito por Ramón Casana y Sarah-Lan. El huarango es un árbol que se da de forma natural en la costa peruana y cumple funciones ecológicas fundamentales en conservación, fertilización y desalinización del suelo y está actualmente amenazado por la expansión urbana y agrícola. Sus raíces pueden llegar a tener más de 70 metros de largo y además puede capturar el agua de neblina y del rocío que gotea de sus ramas con su red de raíces superficiales. Los antiguos pobladores usaban sus frutos para hacer harinas, obtenían miel y una bebida fermentada, las hojas caídas abonaban los campos de cultivo y también se usaban los frutos como forraje para la crianza de animales domésticos. Aquí tenemos un árbol con esas cualidades, pues el huarango es una de las especies del género Prosopis, el mismo género al que pertenecen los mezquites que abundan en Colotlán.

 

Para ver libros y videos sobre el tema ver el primer comentario.

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